HACIA LO DESCONOCIDO No estaba tan vieja, ni siquiera llegaba a los 30; cargaba con un embarazo de 7 meses y un niño con 2 años de nombre Pedro enganchado en la cintura; en su cabeza un canasto con algo de comida para el camino; en una de sus manos otro de sus hijos de 4 años de nombre Bernardino, le seguía otra hija de 11 de nombre Alejandra que se esforzaba mucho por ayudar a aquella cansada madre, pero el paludismo y desnutrición le restaban fuerzas...y allí iba detrás también yo, con mis botitas encajadas en el hombro y cargando uno que otro bulto con cachivaches, el marido de la doña no estaba, creo que iba con otra señora que tenía (de nombre Nery que ahora vive en Jalapa - es una humilde mujer que me dió 2 medió hermanos). Por más que intento imaginarme de donde sacaba fuerzas esta mujer que es mi madre para soportar semejante carga, no logro hacerlo; -era imperativo salir de esa zona ya que era considerada altamente peligrosa porque era el camino de Contras y Sandinistas y corríamos el riesgo de quedar en medio de ambos y perecer como daño colateral; caminamos como media hora en una filita de 5 integrantes minúsculos para unirnos a otras familias de la zona que también estaban emprendiendo este éxodo hacia lo desconocido; empezamos aquel camino jamás transitado antes del mediodía, mientras pasaban las horas algunas personas se unían a nuestra marcha y pasamos por casas abandonadas y a veces dañadas por el mucho tiempo de soledad; extrañamente también se sumaron a la fila de gente y animales algunas personas militares que luego supe que eran de los contras, estos estaban fuertemente armados y acompañaban la caminata ayudando a la gente a cargar maletas y arriar animales (algunas familias llevaban vacas, caballas y cerdos) los adultos explicaron que los Contras iban acompañándonos por protección, ya que los Sandinistas consideraban a quienes intentaban irse del país hacia Honduras como enemigos y los mataban a todititos, -decían que ya había pasado en otras ocasiones, por eso no debíamos separarnos de la fila de más de 30 personas que en hilera avanzábamos por aquella húmeda selva intentando no apartarnos del camino principal. Miles de ideas pasaban por mi mente con esta nueva información, yo ya había visto a los Sandinistas y no se miraban tan malos como para hacer algo tan feo, pero, bueno, era solo un niño pequeño, flaco y lombrizudo al que nadie le ponía atención como para darle una explicación. La tarde llegaba y llegamos a un caserío abandonado donde había que cruzar un río de agua sucia, estaba crecido y peligroso, pero con ayuda de algunos adultos que iban en la caravana y los contras, logramos cruzar; ya casi no se miraba y continuamos el camino, un poco después de cruzar el río surgió algo que nos estremeció a todos: empezaron a sonar unas ráfagas de arma de fuego y en ese instante unos lloraban, otros gritaban imaginando lo peor, los contras se tiraron al monte y la gente civil nos apartamos del camino, nos rodamos e intentábamos escondernos entre la selva, mi mama lloraba y oraba y por un barranco en las raíces de un árbol enorme nos hacia seña de guardar silencio...

Comentarios

Entradas populares de este blog