LOS SANDINISTAS
Un correo pasó esa tarde avisando que un grupo grande de Sandinistas pasarían por la casa al anochecer ; mis padres estaban alborotados, no sé si tenían miedo o no; yo estaba emocionado, no sabía si de miedo o alegría porque por fin conocería a los Sandinistas de los que tanto hablaban todos en esa parte de la montaña; la hora esperada llegó, vi a mi padre a unos 100 metros de la casa hablando con unos militares, de escondíditas me acerqué junto a él y no pude entender de lo que hablaban, yo quería oír, yo quería ver, estiraba la cabeza intentando averiguar lo que había en el bosque cercano, el sonido de una multitud resonaba en ese monte; se hizo casi de noche y me escabullí entre los matorrales para llegar donde estaban, unos me llamaron y tímidamente me acerqué, vi sus rostros por fin -no eran como los imaginaba: enormes, con cara de rabia, dientes afilados y llenos de verrugas; no se parecían en nada a lo que había creído en esa mente de pequeño soñador; eran unos muchachos -poco más que niños, sonrientes y tristes a la vez, amables y cansados, hablaban sin parar casi en murmullos alrededor de más de 15 fogatas hasta donde lograba ver que se esparcían en el bosque a unos 30 metros de distancia cada una; me ofrecían de primero de la mejor carne de res (no pensé de donde salía la carne, daba por hecho que era alguna vaca de mi padre que habían destazado, más adelante esto estaría relacionado a una triste historia) que cocinaban, -a pesar de estar tan hambrientos, sonreía alegre con ellos, no recuerdo de qué charlamos ni por cuánto tiempo, pero la voz de un hermanastro me hizo levantarme de la fogata, al avisarme que papá me mandaba a llamar para dormir porque era muy noche.
Me dormí repasando esa escena tan extraña que recién había pasado y dormí planeando que hacer el día siguiente, me levanté lo más temprano posible y corrí hacia el bosque a ver mis nuevos amigos, pero, ya no estaban, me puse triste, solo quedaban señas de haber dormido allí, note algunos bultos y curiosamente empecé a recogerlos, fui de fogata (apagadas) en fogata y encontré tarros de medicina, magazines con balas, cantimploras, tazas y otras cosas que no recuerdo con exactitud, mi padre me sorprendió en la tarea y me regañó y me mandó a la casa explicándome que podría haber cosas peligrosas y efectivamente había cuchillos y hasta granadas; no entendí porque dejaron atrás todas aquellas cosas valiosas.
Continué con mis cosas de niño (tenía 8 años) durante ese día sin dejar de pensar en los compas que habían pasado; como a la una de la tarde otros militares fuertemente armados pasaron por el mismo camino, igual hablaban con mi papá y pensé que se quedarían también en la propiedad, estos eran diferentes, más adultos y vestidos con ropa militar pinta, -eran los contras, que parece que perseguían a los muchachos Sandinistas...se fueron por el camino real, los vi de lejos, iban en fila a paso rápido, era una tarde oscura y justo antes del anochecer empezó el combate a unos 4 kilómetros de la casa detrás de unos cerros, se oían las detonaciones, las ráfagas, se veían las luces, mi corazón se aceleró y no podía ni imaginarme lo que pasaba en ese lugar; me fui para donde mi primo Chon que vivía río abajo por donde se habían ido los grupos de militares, mientras estaba allí empezó a llover y pocos minutos después vi una escena que aún entristece mi alma al recordarla, cosas que un niño no debería ver, ...
EL ÉXODO ...personas sin partes del cuerpo, en camilla, apoyados en otros, agachados, en silencio, pasaban cerca -tan cerca que podía oír como sus quejas se ahogaban con el sonido de la lluvia, -no miraban a los lados, solo de frente y hacia abajo, abría bien mis ojos intentando encontrar en aquella tragedia a mis nuevos amigos que compartiesen conmigo la cena de la noche anterior; no recuerdo cuanto estuve allí, el combate no parecía tener fin a lo lejos, mis recuerdos son borrosos de entonces. Al día siguiente parece que algo importante pasaba en la zona, no sabía qué; era tan solo un niño, nadie se molestaba en contarme o consultarme algo...mi padre parecía sofocado yendo y viniendo de las casas vecinas (la más cercana era de mi primo Chon a unos 900 metros, después mi tía Claudina a unos dos mil metros, Don Pánfilo -un sumo de la zona estaba a unos dos mil quinientos metros y por último mi tío José a unos tres mil metros), estaba intentando vender animales o granos pero parece q...
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